Un aspecto básico para combatir el nacionalismo está en la educación y la cultura, proteger la neutralidad ideológica de los centros públicos e instituciones de promoción de la cultura.

  1. Consideramos que el proceso de ruptura de Cataluña con el resto de España no se inició en el año 2012, sino que es la fase final de un proceso iniciado hace décadas, el resultado de un modelo cultural identitario diseñado a principios de la transición y consolidado a lo largo de treinta años.
  2. La realidad que ha eclosionado estos últimos años en todas las instituciones catalanas, incluyendo los ámbitos de la educación, los medios de comunicación, la seguridad, etc., no es una perversión del catalanismo, sino el corolario lógico e inevitable de esa bóveda ideológica bajo la que se ha desarrollado la vida en Cataluña.
  3. Rechazamos, por consiguiente, que la salida a esta crisis sea el retorno a una situación anterior a la de su fase crítica y terminal. La solución no está en atajar los abusos del nacionalismo, sino en abandonar los usos que han propiciado esos abusos, es decir, el marco ideológico del catalanismo.
  4. Abogamos por un nuevo modelo cultural para Cataluña que redefina el concepto de catalanidad, vaciándolo de todo contenido identitario. Lo que define el ser catalán es el censo administrativo. Catalán se es o no se es, no existen grados de catalanidad, no se puede ser más o menos catalán según sea tu lengua, tu raza o tu ideología.
  5. Defendemos una desvinculación expresa entre la lengua catalana y la catalanidad. Para ser catalán basta con tener nacionalidad española y residencia en Cataluña. Todos los habitantes de Cataluña, aunque no conozcan la lengua catalana, son catalanes de pleno derecho, con los mismos derechos políticos, sociales y culturales que los que conocen la lengua catalana.
  6. La bóveda cultural que separa a los catalanes del resto de españoles tiene un efecto perverso en la movilidad interterritorial y en la ruptura de mercado. Queremos derribar esa frontera proteccionista levantada ante el resto de nuestros compatriotas. Se trata de una frontera artificial, discrecional e injusta, pues sólo es efectiva para una de sus partes.
  7. La bóveda cultural del modelo catalanista también cumple la función de selector social que propicia la desigualdad de clases. Queremos derribar esa frontera clasista levantada antes las clases populares catalanas, llegadas durante décadas de otras zonas de España, y que hace de Cataluña una de las zonas de la OCDE con menor movilidad social.
  8. Apostamos por la convivencia entre las dos lenguas de Cataluña: el catalán y el español. El español es, además, la lengua mayoritaria de los catalanes, la lengua común de todos los españoles y la segunda lengua más hablada en el mundo. El respeto mutuo y la libertad de elección deben ser la base de esa convivencia: todo catalán debe poder hablar en todo momento la lengua que mejor conozca y con la que más se identifique.
  9. Defendemos como modelo lingüístico el bilingüismo de interacción: cada hablante emplea en cada situación comunicativa su lengua de preferencia, y entiende sin problemas a su interlocutor cuando le habla en otra lengua. Catalán y español son lenguas semejantes, de suerte que tal intercambio entre lenguas se puede alcanzar con poco esfuerzo.
  10. Reivindicamos una redefinición del concepto de identidad catalana, acorde con un nuevo modelo de cultura catalana que considera como tal las manifestaciones culturales producidas por todos los catalanes, con independencia de su lengua, origen o tradición cultural.
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